Detrás de los gruesos
cristales de las gafas de Carrillo ya no existen ojos, y uno se pregunta si es
el hombre el que atraviesa las épocas o son las épocas las que atraviesan al
hombre, borrando más que alcanzando a dibujar sus recuerdos.
Revuelta en las cuencas
mineras, asesinatos y charcos de sangre, purgas, exilios, represalias,
silencios estalinistas.
Fríos de Moscú y lujos
parisinos. El interminable ascenso hacia una traición quizá sabia, quizá no del
todo necesaria para la revolución pero sí para uno, quizá no encaminada a la
emancipación de las masas pero sí a terminar mirando sin ojos, aleccionando con
modos de benigno profesor sin otro título que el de la astucia; sin más doctorado que la comprensión de que son las épocas las que atraviesan al hombre
y no el hombre a las épocas.
