martes, 16 de septiembre de 2008

La Historia Interminable.



Ataúlfo sueña igual dormido que despierto, y en sus sueños siempre aparece un caballo a punto de llegar. Ataúlfo escucha el ruido de los cascos golpear contra el asfalto y siente la respiración de la bestia absorbiendo el aire en remolino.
A veces sueña que viene a llevárselo lejos.
Otras sabe que está aquí para aplastarlo.


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4 comentarios:

Exilio Voluntario dijo...

Ataúlfo no sabe, el muy ignorante, que los caballos nunca pisan (ni aplastan) conscientemente a un humano.

Y menos, si al llegar, les ofreces unos tormos de azúcar en la palma de la mano.

Buenas tardes.

Remitente. dijo...

Hay que tener en cuenta que el caballo que viene por Ataúlfo puede ser un inconsciente... Y que los sueños de Ataúlfo son tan pobres como su vida: en su casa no conocieron el azúcar ni tuvieron en realidad nada que endulzar.

Buenas noches.

Chopenjagüer dijo...

Exilio voluntario tiene razón en parte, pero seguro que andará por ahí suelto alguno que tenga el corazón negro como, yo qué sé, el caballo de Hitler o los caballos de Abdera, de los que no me fiaría ni una mieja.

Remitente, me gusta tu blog. Prometo seguirlo habitualmente y devuelvo cortésmente (reverencia incluida) el enlace en mi bitácora.

Remitente. dijo...

Estoy empezando a pensar que a lo mejor no es un caballo. A lo sólo Ataúlfo lo cree.

chopenjagüer, gracias por el enlace. Ni que decir tiene que yo también le sigo habitualmente.