lunes, 24 de noviembre de 2008

Relación profesional.



-¡Dios mío, Ramón! ¿Qué es eso con lo que me apuntas?
Le gustaban esas bromas. Chistes fáciles sobre pollas fáciles. Chistes de puta.
No cobraba mucho ni poco. Dependía de lo abultado del bolsillo. Acababan de adelantarme un buen dinero por un trabajo rápido y llevaba cuatro meses sin mojar.
-Y dime, Ramón, ¿en que andas metido últimamente?
-Pues ahora mismo en ti, Minerva.
¿De verdad se llamaba Minerva? ¡Qué coño importa! Uno no paga por conocer el nombre real de las putas, y algo que de verdad ofrecía era un excelente servicio, de múltiples posturas y agujeros, aderezado con pasión arrolladora.
Además se corría de verdad. O fingía tan bien que era lo mismo. Al fin y al cabo uno no paga una puta para que se corra. Pero me excitaban las convulsiones de su pelvis, sus uñas tatuando mi espalda y los gemidos en mi oreja; siempre terminaba por correrme a la vez.
Es una pena que paguen más por asesinar a una puta que por follártela.


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3 comentarios:

Exilio Voluntario dijo...

Y yo que diría que, cada vez que follan a una puta, la asesinan un poco??

Cosas mías..

Remitente. dijo...

Pues no sé qué decirle, Exilio, no sé qué decirle...

Minerva hacía un máximo de dos servicios al día, cuatro días a la semana. Su jornada laboral jamás sobrepasaba los ciento cinco minutos. Ganaba suficiente para no tener preocupaciones, y dedicaba su mucho tiempo libre a perfeccionar sus aficiones: leer, viajar, bailar, escribir novelas de ciencia ficción, cuidar de su hijo Maurizio... No albergaba en todo su cuerpo un ápice de moral judeo-cristiana y por eso no le apenaba el grueso total de la sociedad: el que dedica prácticamente el total de su vida a tareas que le repugnan pero sin las que no podrían subsistir. Ya digo que no le apenaba. Más bien la asqueaba y la hacía sentir superior. Puede que ese ser ojos por encima del hombro le llevará a endeudarse con quien no debía, segura de que nada podría salirle mal, pero mientras vivió la vi entera y feliz; vamos, que no veía que su jornada laboral la fuera arrancando trozos de vida...

Ramón es otro cantar. Todas las madrugadas despierta envuelto en sudor escalofríos. En todo momento cree que su corazón se va a detener...

Exilio Voluntario dijo...

Son asesinatos insidiosos, Don.

Asesinato del placer y de la sorpresa; de la fe y de la confianza; del goce de las mañanas abrazada a un cuerpo que no es un objeto y del pudor repentino ante unos ojos amables..

Ya le digo que son cosas mías.

Y me produce tanta pena su Minerva amoral, soberbia y endeudada (asesinadita, incluso antes del disparo) como su sicario Ramón, lleno de mala conciencia y miedos (asesinado en vida por sus principios...).

Un abrazo, Don R.