viernes, 24 de abril de 2009

Cuestión de principios.

Mi primer libro albergaba mil quinientas setenta y cinco páginas de prosa genial, personajes inolvidables y trama sublime. El mismo día que puse punto final —no había qué corregir—, elegí un afortunado editor al que obsequiar con las ganancias de la obra, pero, henchido de gloria, con la mirada puesta en las alturas, tropecé en el sexto escalón, trastabillé en la gravilla del camino, y no fui a dar de narices contra el suelo porque logré anteponer las dos manos.
El manuscrito salió despedido, batió las tapas en un intento desesperado por volar y entró, limpiamente, por el alero del pozo.
Queda el triste consuelo de que fue una canasta perfecta.
Desde entonces sólo escribo microrrelatos.


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4 comentarios:

Sinuosa dijo...

jajaja, muy bueno. Y muy ágil.
Me gusta la letra grandota que tienes en el blog. Es un descanso para la vista.

Me quedaré un rato por tu casa.
Gracias por tu visita a mi blog.

Fernando Remitente. dijo...

Ya que hay que leer en la pantalla cuanto más cómodo mejor, ¿no?

Gracias por la visita.

Raquel dijo...

Hace algún tiempo que he encontrado en los minirrelatos a unos buenos amigos, y siempre es un placer encontrarse pequeñas joyas como ésta. Me parece que voy a ponerme cómoda por aquí, porque me parece que esto me va a gustar :)

Fernando Remitente. dijo...

Gracias, Raquel. Entre y póngase cómoda. Pero no olvide a las tarántulas, las serpientes y esa viga oxidada del comedor que cualquier día, ¡cualquier día!

Cómoda pero con cuidado. Lo digo por su bien...