miércoles, 3 de agosto de 2011

Verano Azul.


Dado que este blog ronda las 250 gélidas entradas, a alguien le puede dar por pensar que la vocación de uno es la literatura, ese género de enfermedad que consiste en emborronar cuartillas bajo flexos de bombilla desnuda, con la espalda doblada, desde detrás de unas gafas con cristales gruesos.
Nada más lejos de la realidad. Si mantengo este blog es por razones puramente económicas. El servicio competente, las flotas de coches de lujo y los laberintos vegetales debidamente recortados no se pagan solos; uno tiene que hacer el inmenso sacrificio de publicar micros a cambio de unos (pocos) millones de euros.
Pero, por supuesto, me estallaría la cabeza y el alma si tuviera que dedicarme constantemente a la ardua tarea de escribir microrrelatos y no pudiera invertir, al menos una vez al año, en mi auténtica vocación: veranear.
De aquí a unos minutos, Pancho gritará bajo el balcón y yo me pondré el meyball y me calzaré las cangrejeras para volar hacia las alegres calles del verano.
El verano, que diría Mel Alcoholica, consiste en sudar cerveza, y beber sin emborracharse, y darse cuenta de que ser feliz es tan sencillo que nadie sabría explicar cómo se hace.
Y nosotros además comeremos chanquetes, iremos en bicicleta, alquilaremos patines, reventaremos los records de la máquina de pinball, descubriremos cuevas escondidas y salvaremos barcos pintorescos de la especulación urbanística. Harto más edificante, como usted verá, que la miserable tarea de publicar microrrelatos a cambio de una (con matices) elevadísima cantidad de dinero.
Pero dado que la rueda de la producción, consumo y desperdicio no se detiene, y ustedes tendrán que alimentar su espíritu durante este mes, mis patrocinadores me obligan a poner a la venta algunos productos de saldo. Cuentos que en su día —allá por 2009— destacaron con el inherente prestigio de la novedad serán rescatados con el resplandor exclusivo de las antigüedades.
A menos que suceda un milagro y el verano no termine nunca, volveré a verles a todos en septiembre. Después, eso sí, de desvirgar de una vez por todas a Beatriz y de amordazar bajo el agua a la cargante de Julia.
Sean felices, disfruten del sol y crucen los dedos; este podría ser el último verano de la tierra.

7 comentarios:

Pablo Gonz dijo...

Pues nada, Fernando, a pasarlo bien. Yo sigo por aquí hibernando (también sin producir).
Abrazos fuertes,
PABLO GONZ

Pez Susurro dijo...

disfruta pues, tu que puedes.

(LOs dos relatos anteriores, GENIALES)


Abrazo.

Patricia Nasello dijo...

A mí también me pagan millones!!!
Pero en pesos argentinos...

Que lo pases hermoso

Xavi Tello dijo...

excelente...
usare mi helicoptero para rescatarle de la terraza del vinitos ¡¡

budoson dijo...

Anda que si lo fuera... Anda que si REALMENTE fuera el último verano. Que no va a pasar, evidentemente, pero, joder, si pasara, menuda movida. Menudo tenerlo delante y no haber hecho ningún caso. ¡Buen verano!

El Escritor dijo...

Jaja, muy bueno..Voy a revisar.

Gotzon dijo...

jajaja, original forma de despedirte hasta septiembre, ah, y por si es el último verano no olvides gastar hasta el último céntimo en vicio, si después todo sigue igual ya escribiras algo, ya sabes ese dicho: el dinero tal como se va... viene, jeje