viernes, 2 de diciembre de 2011

Baile de máscaras.


Esta noche pinchan una música aburridísima pero a los chicos y a mí no nos importa: hemos bebido doscientos cubatas, engullido cuatro mil pastillas y recorrido mil doscientas veces el camino entre la pista y el cuarto de baño. No precisamente para mear.
Algunos bailamos al compás repetitivo del bombo y otros tratamos de mantener conversaciones incoherentes o abandonamos la consciencia pero no nos importa: dentro de unas horas que parecerán segundos, no recordaremos nada de lo sucedido.
A la vomitera sucederá el clavo en el cráneo. El cerebro flotará en gravedad cero y la tristeza abrazará a los huesos como un nudo de horca.
Al día siguiente habrá que volver a trabajar y el círculo negro alrededor de los ojos contrastará con la mente en blanco y el ansia de que todo cambie o estalle o se hunda, pero a los chicos y a mí no nos importa: definitivamente, hemos salido a divertirnos.

Safe Creative #1112020651472

5 comentarios:

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Me pregunto, después de leerte, si la esquizofrenia ayuda a combatir la soledad.

Un abrazo.

Pez Susurro dijo...

que todo

cambie
estalle
se hunda



aplaudo

Anita Dinamita dijo...

Esto lo viví en otra vida, menos mal que ya pasó. Me gusta el relato en tres actos.
un abrazo

Miguel Baquero dijo...

Se supone que la diversión es eso, evadirse un poco de los problemas fundamentales, no el problema fundamental...

Fernando Remitente. dijo...

Siempre lo vi como alimentar un puchero de forma caótica: el resultado puede ser delicioso, explosivo o venenoso. En cualquier caso, uno debe saber parar de cocinar a tiempo.

Un saludo y gracias a todos y a todas.