miércoles, 30 de mayo de 2012

Primeras páginas de ayer.


Asexuados y todo, los ángeles se encaprichan de la belleza de las mujeres humanas, que había qué ver cómo estaban las mujeres humanas.
Asexuados y todo, los ángeles secuestran a las mujeres y copulan con ellas hasta que las plumas de las alas les quedan lacias por la deshidratación.
Esta unión contranatura —y contradivinura—, engendra una raza de gigantes que no tarda en esclavizar a la raza humana valiéndose de su estatura superior. 
Conmovido por la indefensión del hombre, el ángel Azrael le enseña a trabajar el metal y a dotarse de armas con las que hacer frente a los gigantes.
Ni que decir tiene que el hombre emplea esas armas contra los gigantes y también contra otros hombres, provocando un sindiós que obliga a intervenir al mismísimo Dios.
Entre las infinitas opciones que brinda ser todopoderoso y omnipresente, Dios se decide por la aniquilación total vía diluvio, de la que sustrae a Noé y su familia, amén de un número variable de parejas de cada especie según sea pura o impura.
De los hijos de Noé emanan todas las familias de humanos futuros, algunos de los cuales transcriben esta historia.
Es a lo que llaman Palabra de Dios.

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5 comentarios:

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Y yo que en este micro veo la explicación de los moais.

Un abrazo,

Nicolás Jarque dijo...

Fernando, está nueva revisión de lo que nos han contado sobre el diluvio, se une a la que yo publiqué ayer precisamente sobre el mismo hecho. Y es que tiene igual de veracidad esta, como la mía, como la publicada.

Un abrazo.

Fernando Remitente. dijo...

No andará lejos, Pedro. No andará lejos.

Buen cuento el tuyo, Nicolás Jarque; pocas veces tomamos la óptica de Dios cuando contamos sus historias -tal vez por miedo a contagiarnos de su esquizofrenia-. De todas maneras, debo aclarar que mi cuento está basado literalmente en escritos judíos. Azrael, además, fue condenado al fuego eterno por este hecho, convirtiéndose en la primera o la enésima encarnación de nuestro viejo aliado el Demonio.

Salud.

Pablo Gonz dijo...

Bien escrito, Fernando. Afinando el oído. ¡Aún mas!
Abrazzo,
P

Fernando Remitente. dijo...

Gracias, Pablo. Nunca fui capaz de entender como la religión es tan sombría y solemne cuando sus historias son tan, tan divertidas.

Salud.