Para decidir si algo
está «bien» o «mal» tenemos una regla muy sencilla: la redacción debe ser
verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que vemos, lo que oímos, lo que
hacemos.
Por ejemplo, está
prohibido escribir: «la abuela parece una bruja». Pero sí está permitido
escribir: «la gente llama a la abuela "la Bruja"».
Está prohibido
escribir: «el pueblo es bonito», porque el pueblo puede ser bonito para
nosotros y feo para otras personas.
Del mismo modo, si escribimos: «el ordenanza es bueno», no es verdad, porque el ordenanza puede
ser capaz de cometer maldades que nosotros ignoramos. Escribimos sencillamente:
«el ordenanza nos ha dado unas mantas».
Escribiremos: «comemos
muchas nueces», y no: «nos gustan las nueces», porque la palabra «gustar» no es
una palabra segura, carece de precisión y de objetividad. «Nos gustan las
nueces» y «nos gusta nuestra madre» no puede querer decir lo mismo. La primera
fórmula designa un gusto agradable en la boca, y la segunda, un sentimiento.
Las palabras que
definen los sentimientos son muy vagas; es mejor evitar usarlas y atenerse a la
descripción de los objetos, de los seres humanos y de uno mismo, es decir, a la
descripción fiel de los hechos.
Tomado de Claus y Lucas, de Agota Kristoff.
