Sin duda, el veinticuatro de junio de 2011 será recordado como la fecha más nefasta para el deporte en este país. Ese día el misterioso, multimillonario y bien parecido Eusebio J. Williams se hizo, mediante testaferros, sobornos y alevosía, con el control de los dos grandes clubes: El Real Madrid y el F.C. Barcelona.
Ello respondió a un delirio cuidadosamente planificado que se materializó al conocerse el calendario de enfrentamientos para la temporada 2011-2012. Quiso la fortuna, la perra, que la liga diera comienzo con ese derby universal: Real Madrid vs. Fútbol Club Barcelona.
Una filtración desveló la repentina, fraudulenta y redonda adquisición pero, hasta que los tribunales se pronunciaran, no había forma de desbaratar la maniobra. Mucho se habló, mucho se aventuró y mucho se supuso, pero lo cierto fue que, en contraste con las habladurías, un silencio opaco cubrió la actividad de ambos equipos durante todo el verano.
–Todo se sabrá en los noventa minutos que dura el partido –fue cuanto la prensa logró obtener de Eusebio J. Williams.
Esta parquedad en palabras tuvo como respuesta una espera ansiosa, casi febril, ante lo que sin lugar a dudas era el Partido Más Importante De Todos Los Tiempos.
Hubo reventas millonarias. Hubo anunciantes que hipotecaron sus empresas por cinco segundos de publicidad durante la emisión. Hubo mareas humanas a la puerta del estadio y gradas temblando por el peso excesivo.
Los cánticos de ambas aficiones se escuchaban desde la periferia demostrando que su rivalidad estaba por encima de cualquier razón.
El estadio rugió unánime cuando las alineaciones saltaron al terreno de juego. Los espectadores aplaudieron a rabiar mientras reconocían uno a uno a sus ídolos. Sólo que había algo trastocado. Un pequeño detalle a primera vista imperceptible pero que atravesó todas las cabezas antes del pitido que iniciaba el juego. La totalidad de jugadores de cada equipo había pasado a formar parte del otro.
Las banderas dejaron de ondear, los corazones de latir, el tiempo se detuvo.
Después no hubo más que silencio.
Fotografía: Zaqi.
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