sábado, 5 de diciembre de 2009

Celebración.


Nosotros la llamábamos la Transi. Se iba con cualquiera que la invitara a un par de tragos. La veías del brazo de los militares que alborotaban las mesas. O pidiendo fuego al tecnócrata que fingía distraerse junto a la barra. O chorreando tinto proletario entre los subversivos que disimulaban al fondo, disfrazados con pelucas de colores imposibles.
Nosotros la llamábamos la Transi. Se tumbaba encima de la mesa y hacía girar las piernas en el aire, perdiendo a veces un zapato y enseñando mucha braga. La aplaudíamos y la jaleábamos. Seguíamos la trayectoria del zapato y tratábamos atraparlo en el aire, menos por caballerosidad que a la espera de una jugosa recompensa.
Nosotros la llamábamos la Transi. La asesinó de un tiro un teniente coronel. Malas lenguas dicen que por orden del Rey; el teniente coronel asegura que sólo pretendía agujerear el techo.
Quién sabe.
No era una mujer perfecta. No era ni siquiera una buena mujer. Pero nosotros la llamábamos la Transi. En noches como la de hoy seguimos brindando por ella.

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