La muerte -la mía- no es cosa que me preocupe demasiado, ni siquiera en lo escatológico; será un engorro más, eso sí, para los demás, que se encontrarán con un cadáver entre las manos. Si una compañía de seguros me garantizara que iba a librar a mis deudos de ese engorro -y de las pompas fúnebres, claro- ahora mismo contrataría la póliza.
Rafael Azcona.
