miércoles, 31 de octubre de 2012

7.


Todas las noches un capítulo de Pinocho y comprometerme a ser un muñeco bueno.
No volver a aplastar al grillo. Huir tanto de los feriantes como de las tierras que prometen ser Jauja.
No soñar que la bruja buena vendrá siempre a rescatarme ni que mis dineros se multiplican por ensalmo.
Convertirme por fin en un niño de verdad.

Safe Creative #1210312602604

martes, 23 de octubre de 2012

8.


Llegaba a casa bien entrado el día siguiente, la velocidad esculpida en el rostro, las pupilas más grandes que los ojos.
Volvía de un psiquiátrico, un acantilado, un cuartel militar o una iglesia abandonada que los jóvenes de mi ciudad habían transformado en un apocalipsis de música veloz y droga al por mayor.
El colchón no siempre se mantenía sujeto a las leyes de la gravedad y, cuando cerraba los ojos, seguía escuchando el zumbido de un bombo a 4x4 en el interior de mi cabeza; el bum-bum interminable que funde en una todas las canciones del techno.
Sobre él acoplaban los sonidos cotidianos: golpes, gritos, grifos, ascensores, lavadoras, claxons, frenazos y sirenas fluctuaban entre el oído izquierdo y el derecho.
No era momento de detenerse a pensar en las semejanzas entre techno y microficción. Ambos géneros aspiran a reducir la historia de sus respectivos artes a la mínima expresión. Ambos tienen vocación de fundirse y desaparecer con y entre otras obras. Ambos construyen, con elementos tomados de fuera, artefactos que aspiran a contener y devorar el mundo entero.
No. No era momento de detenerse a pensarlo.

Safe Creative #1210232554274

viernes, 12 de octubre de 2012

9.


Solo en su biblioteca, Francisco Umbral se asombraba del poco espacio que ocupaba su obra en los estantes. Toda la vida cabía en menos de un metro. Metro y diez a lo sumo. Escasa extensión para el total de una existencia.
Umbral no murió joven ni, me atrevería a decir, demasiado pronto. Tuvo suerte en cualquier caso: solo alcanzó a conocer de oídas los pen-drives, las tarjetas micro SD, los dispositivos de memoria que anticipan que cualquier vida y cualquier obra terminarán por caber dentro de un punto microscópico.
Y habrá espacio de sobra.
Safe Creative #1210122496509

miércoles, 10 de octubre de 2012

10.


Era un ejercicio del curso de diseño gráfico. Consistía en modificar una foto para convertirla en una viñeta de cómic.
Abrí el buscador y tecleé la primera palabra que me vino a la cabeza: «chino».
Me devolvió un japonés que se tapaba un ojo.
Desde el primer momento, supe que aquel hombre iba a ser mi avatar para los foros de internet, las redes sociales o los blogs.
Nunca llegué a saber su nombre, y mucho menos a entender por qué su rostro era el primer resultado para la palabra «chino». Pero me gusta pensar que, en el otro extremo del mundo, existe un japonés que un día tuvo que transformar una fotografía en viñeta y que, tras teclear «checheno» o «mongol», obtuvo mi cara.
Tampoco sería nada extraño en el interior de esta máquina de pin-ball budista que es el universo.
Safe Creative #1210102485523

lunes, 8 de octubre de 2012

11.


No conocía «El Dinosaurio». Ni a Arrelola. Ni sabía que Borges había escrito microrrelatos.
Internet no se había popularizado aún para uso doméstico ni el género había afrontado la explosión que —para bien y para mal— sufriría años más tarde.
Aterricé en la microficción por una colisión natural de necesidad y urgencia. Escribir era para mí una forma de ver el mundo, pero mi vida se debatía entre el caos y el trabajo a deshoras. Contar lo máximo que se pueda contar con el mínimo de palabras fue más una consecuencia que una intención, menos un reto que una forma de rendición a lo inevitable.
Cuando se popularizó internet y, de rebote, el género de la microficción, comprendí la existencia de una suerte de conciencia global; a lo largo y ancho del planeta había cientos o miles de personas a los que les sucedía lo mismo que a mí: habían contraído la bendita enfermedad de narrar sobre un mundo que se hacía pedazos.
Safe Creative #1210082476283

martes, 25 de septiembre de 2012

12.


El primer microrrelato que escribí se titulaba «Borrás». Trataba sobre una muchacha a la que un mago se empeñaba en meter en una caja. El segundo, se titulaba «Léolo». Trataba sobre un niño encerrado en una habitación, sin más pasatiempo que un único libro, que trataba sobre un niño encerrado en una habitación, sin más pasatiempo que un único libro.
Desde entonces han sucedido, puedo asegurarlo, varias extinciones parciales o totales. De lo que ya no estoy tan seguro es de si ella sigue sin caber en las cajas de mago, ni de si yo he salido de esta habitación donde existe un solo libro.
Safe Creative #1209252395639

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Microrretratos: Santiago Carrillo.


Detrás de los gruesos cristales de las gafas de Carrillo ya no existen ojos, y uno se pregunta si es el hombre el que atraviesa las épocas o son las épocas las que atraviesan al hombre, borrando más que alcanzando a dibujar sus recuerdos.
Revuelta en las cuencas mineras, asesinatos y charcos de sangre, purgas, exilios, represalias, silencios estalinistas.
Fríos de Moscú y lujos parisinos. El interminable ascenso hacia una traición quizá sabia, quizá no del todo necesaria para la revolución pero sí para uno, quizá no encaminada a la emancipación de las masas pero sí a terminar mirando sin ojos, aleccionando con modos de benigno profesor sin otro título que el de la astucia; sin más doctorado que la comprensión de que son las épocas las que atraviesan al hombre y no el hombre a las épocas.
Safe Creative #1209192369110