viernes, 18 de diciembre de 2009

Correspondencia.



Quise a una mujer, pero ella se empeñó en no quererme. Hasta el punto de apuntarlo en sus post it de tareas e incluirlo entre sus dos únicos principios:
Ser honesta.
Y no quererle.
Puedo atestiguar que fue perseverante en su objetivo. Ni uno solo de entre los días, meses y años que estuvo viva torció su política.
Siquiera en su lecho de muerte —donde acudí, cómo no, a intentarlo por última vez— cambió de parecer.
Si obtuve el consuelo de que reconoció que era el hombre al que más tiempo y pasión había dedicado.
Eso basta.

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7 comentarios:

DANIEL SÁNCHEZ BONET dijo...

buen texto, me gustó mucho el final.

A veces, el amor es así, no?...

Un Poco Rara dijo...

Qué triiiiste!!!

Fernando Remitente. dijo...

Gracias Daniel. El amor puede ser de tantas maneras... No hay que fiarse del amor, es lo que yo me digo. Pero mira...

Y gracias también Un Poco Rara, pero... ¿triste? El hombre no es que viera colmados sus deseos pero los vio minímamente satisfechos. La clave está en conformarse con poco. Es lo que yo me digo...

Mª Victoria dijo...

fer, me encanta.

Fernando Remitente. dijo...

Gracias, Mavi...

Miriam Márquez dijo...

Un texto redondo a mi entender. Desnudo y sorprendente. Enhorabuena. Vocación Temeraria.

Fernando Remitente. dijo...

Gracias, Miriam. Supongo que se trata de componer una ficción a partir de un sentimiento real. O viceversa.