Educado en las películas de Walt Disney y en las superproducciones románticas, persuadido de la importancia de encontrar el amor único, universal y eterno, Alfonso está inmerso en el mágico momento de su primer beso. Profundo y real. Con lengua.
Cuando se separa de Maribel, cuando se miran emocionados y sorprendidos al final de un viaje tan breve como intenso, sigue el guión:
—Te querré siempre.
Tras otro beso —más breve—, ella responde:
—Y yo a ti.
Ambos miran alrededor, esperando a que los animales empiecen a cantar.
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