miércoles, 30 de diciembre de 2009

Linda.



La niña zombie y yo fuimos bastante felices. Todos me advertían del peligro, pero ella me miraba con sus ojos de abismo y prometía jamás comer de mi cerebro.
—Me haces falta entero —susurraba con voz dulce y agónica.
Lo cierto es que se desvivía por mí. Y ejerció una influencia muy beneficiosa en mi vida. Los problemas que desde siempre tuve con mi entorno —familia, profesorado, vecinos, compañeros y amigos—, desaparecieron con la misma celeridad que los manjares de un banquete. Literalmente.
Después dejé de hacerle falta.

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8 comentarios:

DANIEL SÁNCHEZ BONET dijo...

muy muy bueno, una perla.

Muy sugerente y terrorífico. Muy bello.

te invito a que leas mi decalogo sobre como editar microrrelatos. Lo encontrarás en mi página.

saludos y feliz año.

buena forma de cerrar el año con este relato... sí señor

Martín dijo...

Buenisimo! Felicitaciones por este gran final de año! Y que el 2010 sigas deleitandonos con tus microrrelatos! Felicidades!

Fernando Remitente. dijo...

Muchas gracias, Daniel y Martín. Y que el año que viene os traíga mil cosas que contar.

Er Tato dijo...

Feliz 2010 para ti y los tuyos, Fernando.

Un abrazo

Fernando Remitente. dijo...

Gracias, Tato. Muy feliz año para ti también. Y a seguir dando guerra en 2010.

Daniel dijo...

Esta curioso el blog, me lo apunto.
Un saludo!

Fermín Moreno dijo...

Genial... Muy bueno. Captura de principio a fin.

Un saludo cordial,

Fernando Remitente. dijo...

Muchas gracias Daniel, espero que sigas pasando por aquí.

Y muchas gracias a ti también, Fermín. La verdad es que este cuento llevaba guardado en el cajón algunos años. Me gustaba el significado pero no acababa de dar con la forma. De hecho, todavía anduve una tarde entera peleando con él antes de publicarlo.