lunes, 25 de enero de 2010

Mujer de Sísifo.



Aparece junto a su cuerpo sangrante y caído. Poco después, el fantasma de su marido se materializa a su lado.
-Sólo pensé que no estaba bien -se excusa-. No podías ir todo el día por ahí de la mano de Horacio, ¿qué iba a pensar la gente?
Ella mira su cadáver. Luego a él. Después otra vez su cadáver. Se encoge de hombros. El aire pasa a través.

-Pero luego no supe qué hacer -tiembla él en un hilo de voz-. No era la policía ni la cárcel lo que me preocupaba. Eran más los ojos de tu madre. ¿Cómo podía mirar a los ojos de tu madre?
Ella asiente. Rodea el cadáver con unos pasos que parecen volar y se acerca a la chimenea. Es como si el fuego estuviera frío.
Agarra el atizador, aunque el atizador permanece en la repisa. No es propiamente un atizador. Es el concepto. El alma que comparten todos los atizadores del universo y que ella estrella contra su cráneo.
Él no intenta detenerla ni trata de esquivar el golpe. Se limita a desplomarse sin sonido sobre un suelo inmaterial.
Aparece junto a su cuerpo, sangrante y caído. Poco después, el fantasma de su esposa se materializa a su lado.

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1 comentario:

Laura dijo...

jejejeje y le dice:
- Solo pensé que no estaba bien...