jueves, 8 de abril de 2010

De aquellos barros...


Fue Fernando VI un personaje cuanto menos extravagante. Una de sus curiosas manías era esforzarse por no evacuar nada, para lo cual se sentaba sobre los pomos puntiagudos de las antiguas sillas de su cuarto, utilizándolas a la manera de tapones. Una vez estuvo dieciocho horas en esa posición sin moverse. Al fin, cercana ya su muerte, se postró en la cama. Allí hacía sus inmundicias que arrojaba indistintamente a todos los que le servían. Murió a los 46 años, y su médico escribió: «Privado de los consuelos de la religión, y entre sus propios excrementos, ha fallecido Fernando VI, el más pulcro y religioso de los hombres».


El retrato es de Jean Ranc.

4 comentarios:

Miguel Baquero dijo...

Curiosa manía la de no evacuar, nunca la había oído. Leí una vez cierto relato sobre este rey que acabó completamente loco, encerrado en un palacio para que nadie asistiera a sus excentricidades

Fernando Remitente. dijo...

La herencia de la sangre, Miguel, la herencia de la sangre. Los plebeyos no tenemos que preocuparnos por esas cosas (porque nos encierren en un palacio quiero decir).

carlos de la parra dijo...

Éste se tomó en serio lo de
"Excreto,ergo sum."

Fernando Remitente. dijo...

Buena observación, carlos. Es lo que tienen las monarquías: pueden tomarse en serio todo lo que les apetezca tomarse en serio.