lunes, 7 de febrero de 2011

Confirmación.


Eres justo lo que estaba esperando, dice, y él se pregunta en voz alta cómo puede ser lo que estaba esperando si tres días atrás le desconocía por completo y ella, risueña, reconoce que es una colección de los deseos que alimenta sobre un hombre y él, perplejo, se imagina como un álbum de cromos y expresa su temor al día en que las ilustraciones dejen de gustarle o comience a aburrirse de los repetidos y ella observa, un poco contrariada, que toda relación es un camino de rosas pero también de alambres, de susurros y de lamentos y él, relativamente soberbio, deja caer que aunque sus referencias vienen a coincidir en todo punto con su opinión, nunca ha llegado a entender la condición universal e inevitable que desemboca necesariamente en ese fin y ella, con un alzamiento de barbilla que él juzga inconscientemente altivo, responde que su ingenuidad es adorable pero que, por su experiencia, las cosas vienen sucediendo así entre los enamorados ahora y en el principio del mundo, tal vez por una maldición hereditaria de la especie y él, con una torsión de labios que ella encuentra despreciable, duda si su experiencia es realmente real o algo que prefiere pensar sobre sí misma.
Entonces ella decide que no.
No es justo lo que esperaba.

Safe Creative #1102068436919

3 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Entonces el lector dice, excelente, qué final maravilloso.

Miguel Baquero dijo...

No sé, a mí ese texto sin puntos y apartes y pautado con "y él", "y ella" se me hace un poco difícil de leer

Fernando Remitente. dijo...

Me alegro de que te gustara, Estebán. Un abrazo internacional.

No te creas que no me lo he planteado, Miguel. Lo que pasa es que escrito de otra manera le restaría velocidad y, para el caso que nos ocupa, me gustaba la velocidad. De todas formas, cualquier sugerencia será bienvenida.

Gracias.