martes, 6 de septiembre de 2011

Lechera.


Con el dinero que saque del hachís, compraré pastillas. Puedo pillar doscientas a uno y medio y pasarlas a nueve. Con los beneficios, viajaré a Holanda. Allí se consigue éxtasis puro a diez, doce el gramo como mucho. Traigo cien y lo corto con lecitina y pastillas. Puedo sacar, ocho, diez mil incluso: hacerme con una buena cantidad de cocaína. El no va más: cortás, recortas y multiplicas por infinito.
En tres o cuatro meses tendremos para la entrada del piso.

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9 comentarios:

Elysa dijo...

¡Ja! a este lo pillan, fijo. Lo que encontrará es una entrada para otro sitio. El título me gusta.

Besitos

Rosa dijo...

Con tu permiso me quedo por aquí.
Se le va a romper el cántaro y le pillan en el aeropuerto.

Saludos desde el aire

Anita Dinamita dijo...

Me encanta, ja ja, pero mira, yo creo que casi todos empiezan así, de lo que deduzco que haber oído el cuento de la lechera de chico te da más posibilidades de ser camello de grande.
Abrazos

Pedro Sánchez Negreira dijo...

La historia de la crisis mundial.

Si sustituimos pirulas por solares, maría por pisos, perico por recalificación de terrenos, o bien -en el mismo orden- bonos, acciones, dividendos, plusvalías, o concejal, diputado, ministro, Presidente del FMI, etc, etc...

Vivimos en el cuento, pero con el cántaro por capucha.

Buen trabajo.

Luisa Hurtado González dijo...

El resto de piso se lo fumará el banco, ése empezó la lechera mucho antes.

manuespada dijo...

Un cuento de la lechera muy actual, el tema es que a Pablo Escobar le salió bien. Bueno, salvo el final sobre el tejado.

Miguel Baquero dijo...

Es un poco como el cuento de la lechera pero en camello. Y espera que no le pase igual que a la del cuento

Fernando Remitente. dijo...

La clave, creo yo, es lo que dice Pedro: vivimos en el cuento, pero con el cántaro por capucha.

A niveles macroeconómicos, recalificación de terrenos, bonos, plusvalías... A nivel de la calle, en esta desgracia de país que algunos llaman España, circula el mayor número de billetes de 500 euros de Europa y el menor número de personas que han visto uno, igual que circula el mayor número de personas que no llegan a cobrar mil euros pero pagan seiscientos de hipoteca...

Obsérvese que el protagonista del cuento no aspira a yates, mansiones, limusinas ni, como llegó a hacer Pedro Escobar, a pagar la deuda externa de Colombia... Su pretensión es la de poder pagar la entrada para un piso en un lugar donde tener un techo sobre la cabeza es un lujo.

El trapicheo, la falsificación de documentos para obtener ayudas o la venta de sustancias ilegales están al orden del día. Quizá sería deseable que acabarán pillando al protagonista -las cárceles están sobresaturadas de personas cuyo delito es el mismo que el suyo-, pero, a mi entender, sería tan deseable que pillaran a otros primero...

Poetandariego dijo...
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