miércoles, 8 de febrero de 2012

Reconciliación.


El abuelo fue persona recta, previsora y de orden.
Veinticinco minutos antes de que la muerte viniera a su encuentro, reclamó papel, pluma, soledad y silencio para escribir el que sería su último mensaje.
Veinticinco minutos después, encontramos el cadáver de mi abuelo ya dentro de su ataúd sosteniendo una caja de madera tallada entre las manos.
Dentro de la caja de madera había una pequeña caja de caudales. Y dentro de la caja de caudales, un sobre acolchado. Y dentro del sobre acolchado, un sobre electoral. Y dentro del sobre electoral, una tarjeta escrita a mano:
«Sólo lamento no haber vivido suficiente para ver desmoronarse esta asquerosa civilización y todas y cada una de sus horas.»

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3 comentarios:

Nicolás Jarque dijo...

Me ha gustado este micro de muñecas rusas en que desde el principio al final, nos descubre nuevas capas de cebolla. Lo que da de sí veinticinco minutos.

Un abrazo.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Me pregunto por qué el abuelo no pidió que lo enterraran con la carta entre los dientes.

Un abrazo.

Fernando Remitente. dijo...

El abuelo era hombre apañado, Nicolás. En veinticinco minutos lo mismo podía haber escrito sus últimas palabras que elaborar el trazado ferroviario de todo un continente.

La respuesta a tu pregunta, Pedro, es bien sencilla: porque ninguno nos atrevíamos a aproximar la mano a la dentadura del abuelo. Vivo o muerto.

Un saludo y gracias por pasar por aquí.