viernes, 10 de febrero de 2012

Algunas palabras para Don Juan Carlos.


Dicen que el Rey no atraviesa su mejor momento, y hasta los políticos le dedican aplausos de casi tres minutos como si, más que ante Don Juan Carlos, estuvieran ante su cadáver.

Especulan con que es culpa del yerno rufián, el estafador con pinta de príncipe de marca de galletas que abdujo a Su infanta, que le tiene en un sinvivir y que ha hecho desplomarse los índices de popularidad de la corona hasta límites nunca vistos.

Sospechan que le duele también que los alemanes desclasifiquen documentos donde se muestra compadreo y sana camaradería, cuando no apoyo total, para con los militares que intentaron dar un golpe contra el Estado del que es Jefe.

Y cierto que estas razones, como no podía ser de otra manera, aguijonean los latidos de su corazoncito coronado, pero no constituyen, en ningún modo, las preocupaciones más profundas que atenazan a Nuestro Monarca.

La tristeza del Rey tiene que ver con uno de los múltiples y abnegados servicios que presta a la Nación, quizá con el más laborioso y, al mismo tiempo, más discreto y carente de reconocimiento.

Pocas veces se recuerda que el Borbón firma de su puño y letra cualquier titulación oficial, desde la educación primaria hasta el doctorado.

Diariamente, los carteros depositan miles de títulos pendientes de firma que van apilando en diversas estancias del Palacio de la Zarzuela para que Don Juan Carlos, pluma en ristre, descifre nombre, apellido y titulación, coteje los datos en la base central, y estampe Su rúbrica convirtiendo en oficial lo que no era más que provisional.

Es una tarea laboriosa y repetitiva pero no por ello dejaba de ser una de las más gratas para Su Majestad, desde que las Cortes Franquistas lo ratificaron en la jefatura del Estado allá por 1976. El continuo aumento, en cantidad y variedad, de títulos por firmar constituía el mejor termómetro de la buena marcha y la modernización de Su amado país.

Pero en los últimos tiempos, ya firme el título de un ingeniero aeronáutico o el de un ciclo de jardinería de grado medio, Don Juan Carlos es consciente de estampar Su firma sobre papel mojado, sabedor de que esos títulos no servirán para encontrar trabajo ni para propiciar el desarrollo del individuo autónomo dentro de la sociedad.

Su Majestad experimenta la misma sensación que los científicos soviéticos cuando lanzaban monos al espacio o, para ser más precisos, la misma sensación que hubieran experimentado los científicos soviéticos de haber amamantado a aquellos monos como si fueran sus cachorros.

Cada día, Nuestro Rey se ve obligado a enviar a miles de españoles hacia el vacío sideral de la nada y, no les quepa duda, esto le entristece y le reconcome mucho más que los infames trapicheos de Su Casa o las observaciones precisas de un intachable embajador alemán.

Por eso, desde este humilde blog que también es el Suyo, nos gustaría dedicarle unas palabras de ánimo: no se preocupe, Su Majestad, pierda cuidado. Sin Usted estaríamos exactamente en el mismo sitio.

Safe Creative #1202101061228

6 comentarios:

Rosa dijo...

En el mismo sitio pero con unos euros más en el bolsillo...

Besos desde el aire

R.A. dijo...

Ahí le has dado, bien bien


Salut

Miguel Molina dijo...

Poco más se puede decir. Espero que lo lea y se aplique el cuento.

Saludos

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Estoy tan de acuerdo contigo que creo que ha llegado la hora de enviarlo al retiro. A Estoril.

Un abrazo.

Elysa dijo...

Unas palabras claritas y bien dichas, eso sí, con educación.

Besitos

Fernando Remitente. dijo...

Ay, este país: salen republicanos hasta de debajo de las piedras. A este paso, la firma de Don Juan Carlos no valdrá nada y la de su hijo será directamente la del impreso de la condicional...

Saludos y muchas gracias por pasar por aquí.