lunes, 27 de febrero de 2012

Redistribución.


Si noto que se aburre, le cuento historias de cuando fui aviador. 
Piloté un castillo volante, los días en que se vino abajo el imperio. 
No fue —como venían pregonando— a causa de la invasión exterior. Nos cansamos de mantenerlo, tras adquirir conocimientos rudimentarios de geometría y decidir que era harto más sensato organizarnos en horizontal en lugar de en vertical, y dejar de soportar sobre nuestras espaldas cada ocurrencia de quienes habitaban el punto más elevado de la pirámide social.
Desde nuestro castillo, rescatamos mucha gente que cayó al vacío en el derrumbe. No era posible —y, en honor a la verdad, tampoco pusimos excesivo empeño— rescatar a los que caían desde el punto más alto. Sí salvamos a muchos de los que habitaban niveles intermedios; eran partidarios de la distribución anterior, pero juzgamos que merecían otra oportunidad.
Tiempos apasionantes, qué duda cabe, pero mi nieta no siempre me cree.
Es comprensible: nació en un mundo tan distinto.

Safe Creative #1202271202667

3 comentarios:

Nicolás Jarque dijo...

Me ha dado la sensación de ser la nieta que escuchaba el cuento y en cierta forma, lo soy. Pues no deja de ser este micro una parte de esas historias para dormir.

Muy bueno.

Un abrazo.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Me parece muy buena esta alegoría, Fernando.

Me gustaría creer -incluso- que algún día pudiera ser verdad.

Un abrazo,

Fernando Remitente. dijo...

Me gusta la percepción de cuento para niños, Nicolás.

Tendremos que poner de nuestra parte para que sea verdad, ¿verdad, Pedro.