Era uno de esos momentos incongruentes donde las nubes no dejan salir del todo al sol y tu cerebro no es capaz de distinguir si está amaneciendo o anochece.
Él era demasiado gordo. Ella demasiado alta.
Él llevaba una pierna ortopédica y ella tenía un globo ocular volteado hacia el interior del cráneo.
No caminaban en línea recta y sobre su cara llevaban escrita la suma total de las desgracias.
Pero se abrazaban. Y eran bellos. Nunca había envidiado tanto a nadie.
Fotografía: José Luis Becerro.
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