lunes, 30 de enero de 2012

Doble fin.


Ya es casualidad que después que se abran aceras, se desplomen edificios, se congelen ríos y mares, estallen montañas, y los cuatro mil jinetes del apocalipsis se aniquilen entre sí junto al resto de la raza humana, vaya a dar, dentro de una grieta, con mi primer amor.
No puedo afirmar que esté tal como la recordaba: el tiempo y el sufrimiento han marchitado su pelo, desbordado y arrugado sus formas, y un velo de sinsabor empaña esos ojos que entonces brillaban más que el sol.
Pero sí me hace revivir aquella atracción púber y brutal, la misma que me llevaba a esperar bajo su balcón, cargar con sus libros, hacer sus deberes, invitarla a copas y acompañarla sana y salva a casa, en el empeño de demostrar que ella y yo éramos tan complementarios como el último hombre y la última mujer sobre la faz de la Tierra. Empeño que, por otra parte, jamás se vió correspondido.
Y como si pudiera leer mi pensamiento dice:
Me sigue sucediendo exáctamente lo mismo.

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10 comentarios:

Rosa dijo...

A veces lo leemos...El pensamiento.

Besos desde el aire

Nicolás Jarque dijo...

Eso es amor, y por suerte para la raza humana, correspondido.

Muy bueno este microrrelato ficción.

Un saludo.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Supongo que el amor no entiende de apocalipsis.

¡Muy bueno, Fernando!

Un abrazo.

Elysa dijo...

Ya es casualidad, ya o la fuerza del amor...

Pablo Gonz dijo...

En este registro respira a sus anchas el mejor Fernando Remitente.
Abrazo,
P

vittt dijo...

que se acabe el mundo si no acaba contigo.

Fernando Remitente. dijo...

Pues yo creo Pablo, que en este cuento no he estado muy afortunado. Y me explico:

Nicolás, Pedro y Elysa, han entendido que trinfa el amor cuando lo que pretendía expresar era lo contrario: que la tipa no le corresponde ni antes ni ahora.

Y si no se ha entendido bien no es por culpa del lector; no he logrado transmitir la idea con la suficiente fuerza.

Habrá, ay, que corregir.

Por lo demás, Rosa, tengo por seguro que si una mujer se empeñara en leer mi pensamiento, su siguiente hogar sería una celda acolchada y, vittt: siempre he pensado en lo bonito que sería ver el fin del mundo desde la luna, con una cerveza y un bocadillo, dentro de una reproducción exacta de lo que vendría a ser un hogar español medio.

Muchas gracias por vuestros comentarios.

(¿Qué tal va tu convalecencia, Pablo?)

Fernando Remitente. dijo...

Corregido. Muchas gracias por vuestra colaboración.

Pablo Gonz dijo...

Creo yo que no todos los textos son para todo el mundo. Si llega un checoparlante te dirá que no entiende nada. Hay que elegir una voz y mantenerla. ¿Sin corregirla? No, corrigiéndola pero siempre en el sentido de esa voz, para que esa voz sea limpia e impere. Cuando te digo que este es uno de tus registros definidos, me fijo en todo: el tema y la forma. El tema central de tu literatura, quizás de tu vida, ojalá que de tu vida, es este: el desamor. Cuando tus manos se posan sobre ese tema saben perfectamente qué hacer. Y ahora la forma: apocalíptica. Cuando tus manos revisan el desamor de forma apocalíptica, te salen textos muy potentes, casi me atrevería a decir que musculares en el sentido de joven desgraciado que viste buenas camisetas. Tampoco puedo explicarlo mejor. Espero que lo entiendas, sé que lo has entendido.
Mi convalecencia bien. Cada día me atrevo a más. Hoy comí pasta con una cucharada de zumo de tomate.
Abrazos fuertes,
P

Fernando Remitente. dijo...

Puede que todo derive de mi condición de verdadero creyente y entusiasta del fin del mundo.

En cuanto al desamor... bueno, las relaciones de pareja aparecen bastante en mis cuentos y casi nunca para bien. Pero creo que viene a ser otro símbolo de la distancia abismal entre la realidad y los sueños cumplidos. Esto es: otro síntoma del apocalipsis.

Un abrazo.