Compre una Máquina del Tiempo Fugaz*. Salte a través de la línea temporal. Apunte cuanto vea.
No olvide llevar una libreta consigo.
*Como todo el mundo sabrá, una Máquina del Tiempo Fugaz permite saltar a cualquier momento del pasado o el futuro, si bien el usuario sólo puede permanecer un minuto** en cada época.
**Esto se debe a que su inventor, Alfred Lister Wallace, fue también un gran pesimista. Carente de una Verdadera Normativa de Seguridad Para Viajes En El Tiempo, decidió restringir la duración de los saltos. Pretendía así minimizar los daños*** en caso de que el invento cayera en manos inadecuadas.
***Uno de sus más aventajados discípulos, Carl Clerck-Maxwell, abogó por lanzar una máquina que permitiera saltos más duraderos, si bien su devoción por el maestro era tal, que jamás osó construirla sin su permiso.
Famoso es el enfrentamiento que mantuvieron en el Congreso Espacio-Temporal de Basilea:
Clerck-Maxwell sostuvo con firmeza que la Máquina del Tiempo Fugaz era ya de uso común, sin que se hubieran producido daños en el tejido temporal, pero quedó mudo y boquiabierto cuando escuchó a responder a Lister Wallace:
—¿Cómo lo sabe?
Después de aquello, abandonó definitivamente su pretensión.
****Un microrrelato jamás se explica. Funciona o no funciona.
Ay del escritor que necesite de notas al pie para aclarar algún punto oscuro del cuento; demostrará no conocer las formas y técnicas de la microficción.
Este desconocimiento se revelará más profundo cuanto mayor sea la extensión de las notas al pie respecto al tamaño del texto
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